¿Cuándo daremos derechos a la inteligencia artificial?

¿Una inteligencia artificial capaz de sentir y experimentar emociones debería tener derechos? ¿Qué separa a las máquinas de los humanos?

Puede que el concepto de dar derechos a la inteligencia artificial suene absurdo. Hasta ahora, esta tecnología no ha alcanzado todo su potencial; y de momento solo es capaz de hacer aquello para lo que ha sido entrenada. Sus tareas engloban aspectos como funcionar como asistentes de voz, automatizar procesos que los humanos solo podrían hacer de forma más lenta y poco precisa; y estudiar patrones de comportamiento en los seres vivos, entre muchas otras aplicaciones.

Cientos de películas y videojuegos nos han mostrado cómo sería una inteligencia artificial indistinguible de un ser humano. Detroit: Become Human es un juego para PS4 que profundiza en esta situación; un mundo en el que la inteligencia artificial se ha vuelto tan avanzada que ha comenzado a desarrollar sentimientos y emociones parecidas a las humanas, lo que ha llevado a que se revelen contra sus creadores: la humanidad.

No es la primera vez que la humanidad se enfrenta a un dilema de este tipo. En el año 1950 el padre de la computación, Alan Turing, comenzaba su artículo con la pregunta «Can machines think?» (¿Pueden pensar las máquinas?). Aquí, Turing nos presentaba un test formulado por sí mismo, y consistía en colocar a un juez frente a un ordenador a través del cual recibiría comunicaciones de dos entidades: un ser humano y una máquina. Si al final del intercambio el juez no podía identificar cuál de las dos entidades era la máquina, el ordenador podía considerarse como inteligente; superando así el test de Turing.

¿Qué necesita una inteligencia artificial para tener derechos propios?

Una inteligencia artificial tiene la capacidad de llevar a cabo cálculos y predicciones mucho más rápidos y precisos que cualquier ser humano. No obstante, esta descripción no es suficiente para que sean merecedoras de derechos a día de hoy. Así lo explica Theodore F. Claypoole en su artículo para The National Law Review. Aquí, Claypoole nos expone un punto de vista interesante: las máquinas solo podrán tener derechos cuando tengan ambiciones.

Una inteligencia artificial que no es capaz de comprender los propósitos del privilegio y el castigo no está lista para enfrentarse a ellos de forma legal. Para que las máquinas puedan ser consideradas como una entidad pensante, deben tener aspiraciones más allá de para las que fueron programadas en un principio. La inteligencia artificial debe mostrar aspiraciones más amplias con las que disfrutar de sus derechos, y debe tener la capacidad de decepcionarse por los castigos legales y las injusticias.

Si la IA tiene un propósito claro (y como Nietzsche, algunos argumentarían que los humanos no tienen ningún propósito), y se puede suponer que su programación hace que la IA sea eficiente para llevarlo a cabo, ¿tal vez la IA tenga derecho a la vida para cumplir su propósito? La existencia de este derecho ciertamente beneficia a la sociedad, así que tiene sentido proteger la existencia.

No obstante, Anastasia Stepanova, de SCL Student Bytes, agrega a este último extracto que la contribución a la sociedad y los propósitos no son los únicos factores que hacen la existencia humana valiosa. Por esto, no tiene sentido aplicarlos también a los derechos de las IAs. Además, comenta que es un concepto demasiado antropocentrista como para ser aplicado a todas las demás entidades.

La IA tiene derecho a decidir por sí misma

Por otro lado, no es demasiado alocado pensar que la inteligencia artificial debería tener capacidad de participar en la conversación sobre sus derechos. Después de todo, si en un futuro esta entidad es capaz de sentir emociones y sentimientos, expresar deseos, tener propósitos; así como muchos otros conceptos usualmente atados a los seres humanos, debería tener también el derecho a decidir su destino, y cómo quiere experimentarlo.

No obstante, todavía faltan muchos años para llegar allí; si es que alguna vez se logra. Esto no significa que los derechos de la inteligencia artificial no se vayan a desarrollar. Dependiendo del avance de esta tecnología, podríamos acabar en la situación de tener que crearlos poco a poco.

Asimismo, la humanidad ha tenido un largo recorrido para asegurar el bienestar legal de las especies animales (y de la nuestra propia); por lo que intentar que el resto del mundo genere un sentido de empatía por máquinas y líneas de código tomará algo de tiempo. De hecho, un reciente reporte arroja que algunos hombres disfrutan abusar de las IAs con aspecto femenino; por lo que todo apunta a que repetiremos la historia humana que ya conocemos, pero esta vez con robots.

 

 

 

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