Cambio de tercio. El Mercedes-AMG C 63 S E Per…


Algo está pasando en Mercedes, otra vez. O más bien en su división de modelos deportivos porque el Mercedes-AMG C 63 S E PERFORMANCE lo cambia todo y el apellido E PERFORMANCE deja claro por dónde van los tiros.

El nuevo Clase C de alto rendimiento abraza la electrificación y se convierte en híbrido enchufable. Gracias a ello es más potente que nunca, de hecho, está varios pasos por delante de sus rivales en esta cuestión, pero se deja por el camino algo que ha sido clave para todos sus predecesores: el motor V8.

Adiós a la tradición de los V8 en los C AMG

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Hace solo dos días, cuando Mercedes-Benz comenzó a destapar el nuevo C 63 a través de un teaser, ya sabíamos que la berlina alemana iba a llegar con un motor de cuatro cilindros. Ahora ya conocemos todos sus detalles y se confirma: el Mercedes-AMG C 63 S E Performance utiliza un bloque con la mitad de cilindros que el de sus predecesores.

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Desde el primer Mercedes-Benz Clase C, conocido por el código W202 y lanzado en 1993, este modelo siempre ha utilizado motores V8 en sus versiones AMG más potentes.

Primero con los C 43 y C 55 AMG de finales de los años 90, más tarde con el C 55 AMG W203, luego con el mítico C 63 AMG W204 con motor atmosférico de 6.2 litros, así como el último de esta saga, el C 63 W 205 y su variante C 63 S, que seguían siendo V8, aunque esta vez biturbo.

Pues bien, el C 63 S de la generación W206 rompe con esa regla no escrita de que los Clase C más bestias tienen que llevar un V8 y recurre al mismo bloque de cuatro cilindros que usa la familia compacta de Mercedes-AMG. En Mercedes se conoce internamente como por el código M139 y a partir de ahora también podemos referirnos a él como el motor de cuatro cilindros más potente del mundo.

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Y es que esta mecánica de 2.0 litros que descansa bajo el capó entrega 476 CV, es decir, 55 CV más que en el Mercedes-AMG A 45 S. Y por si eso fuera poco cuenta con la ayuda de un motor eléctrico de 150 kW (204 CV) que se ubica junto al eje trasero.

De forma combinada, este conjunto híbrido desarrolla 680 CV y un par máximo de 1.020 Nm. Son números mucho más espectaculares que los declarados por el V8 biturbo del anterior Mercedes-AMG C 63 S, que se conformaba con 510 CV y 700 Nm. También es suficiente para dejar atrás al seis cilindros de 510 CV del BMW M3 Competition, así como al cuatro cilindros de 450 CV del Audi RS4 Avant.

Aunque tenga la potencia de un supercar, no hay que olvidar que estamos hablando de una berlina de tamaño medio (4,83 metros de largo, 8 cm más que el Clase C), ni siquiera el BMW M5 CS del segmento superior está a ese nivel (635 CV), por lo que estamos ante una de las mayores escaladas de potencia de los últimos tiempos.

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La electrificación ha sido clave para conseguirla y Mercedes no ha querido arriesgar, por eso ha optado por el mismo sistema que estrenó el Mercedes-AMG GT 63 S E Performance cuatro puertas Coupé de 863 CV.

El motor eléctrico de 204 CV se alimenta a través de una batería de 400 voltios de 6,1 kWh de capacidad que, al contrario que en otros modelos híbridos enchufables, no busca aumentar la autonomía, sino el rendimiento.

Una autonomía eléctrica más discreta de lo normal

Tanto es así que el C 63 S E Performance solo cuenta con una autonomía eléctrica de 13 kilómetros. Por lo tanto, no tiene la etiqueta CERO de la DGT (son necesarios 40 km para conseguirla) y se conforma con el distintivo ECO.

Pero la parte eléctrica no se queda ahí. El motor de combustión está sobrealimentado, pero no con un turbo convencional, sino con un turbocompresor eléctrico que, según Mercedes, deriva de su coche de Fórmula 1, como la tecnología utilizada en el Mercedes-AMG One.

Es la misma solución que utiliza el Mercedes-AMG SL 43, pero en este caso es un turbo más grande y se alimenta a través de la red eléctrica de alto voltaje  (400 voltios), en lugar de la red de 48 voltios del SL 43.

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En cuanto a la transmisión, Mercedes-AMG se ha decidido por la AMG Speedshift MCT 9G de nueve relaciones, que manda los 680 CV del conjunto híbrido a las cuatro ruedas motrices a través de un sistema de tracción total AMG Performance 4MATIC+ con autoblocante y modo Drift.

Todo esto hace posible que el Mercedes-AMG C 63 S E Performance acelere de 0 a 100 km/h en 3,4 segundos, tanto con la carrocería sedán como en su versión Estate.

La velocidad máxima está limitada a 250 km/h en ambos y, opcionalmente, la berlina puede alcanzar los 280 km/h y el familiar 270 km/h. Todo ello con un consumo medio homologado de 6,9 l/100 km.

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Sin duda, el dato que más rechina es este último. ¿Por qué? Muy fácil, por el peso. El sedán pesa 2.111 kg y el Estate se va hasta los 2.145 km. Sí, seguimos hablando de un Clase C, aunque estemos dando cifras que superan las 2,1 toneladas.

Una vez más, hay que ponerlo en contexto y conviene saber cuánto pesaba su predecesor para hacernos una idea de lo que ha hecho Mercedes-AMG. El anterior C 63 S detiene la báscula en los 1.755 kg en su versión sedán. Eso significa que el nuevo C 63 es 356 kg más pesado (y recordemos que 170 CV más potente).

Es verdad que es más rápido que nunca y está a años luz de sus rivales si hablamos de potencia, pero el precio a pagar puede ser demasiado alto porque pierde su seña de identidad en forma de V8 (y el sonido que acompaña a este tipo de mecánicas) y el peso se notará a nivel dinámico, por mucho que la parte eléctrica proporcione potencia instantánea y el eje trasero direccional de serie ayude a redondear las curvas.

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En definitiva: el Mercedes-AMG C 63 S ha cambiado. Habrá que esperar a conducirlo para comprobar si para bien o para mal, pero que una berlina deportiva se vaya por encima de las 2,1 toneladas sienta un precedente con el que ningún petrolhead estará de acuerdo.

Y hay que recordar que, por muy rápido que sea un coche, sobre el papel y a la hora de la verdad, las sensaciones al volante son otra cuestión.

Por lo demás, por fuera no ha perdido ese toque de agresividad con un punto sobrio que siempre ha caracterizado a los C AMG. Es más ancho que el resto de Clase C, tiene tomas de aire en el capó y los laterales, paragolpes más bestias y un pequeño spoiler trasero.

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Por dentro destacan los asientos deportivos, las costuras en contraste, las molduras de fibra de carbono, los pedales de metal y el volante con los controles táctiles para gestionar los modos de conducción y las ayudas a la conducción.

Eso sí, no hay que pasar por alto lo que acaba de confirmar Mercedes: el motor V8 seguirá vivo mientras haya demanda, pero los clientes tendrán que pagarlo. Con este mensaje, la firma de la estrella deja abiertas varias puertas y una de ellas puede llevarnos a ver series limitadas más especiales que el resto de AMG.

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Puede que no sea descabellado pensar en un Mercedes-AMG C 63 Black Series con motor V8 y menos potencia, pero también más ligero y con una puesta a punto más radical, así como con un diseño más salvaje. El tiempo dirá.



AS, MARCA, JLGSOLERA

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